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¿Qué es un sonograma? PDF Imprimir E-mail

Basileuterus Leucoblepharus ARANERO OLIVACEO S3

Los espectrogramas de sonido o sonogramas (preferimos esta última denominación), al igual que la notación musical, son una representación visual del sonido. Se trata de representaciones gráficas de los sonidos, en ejes de coordenadas.

 

Como en la notación musical, la dimensión horizontal corresponde al tiempo (de izquierda a derecha), medido en segundos (s) y la dimensión vertical corresponde a la frecuencia (o tono, en inglés, pitch) medida en ciclos por segundo o hercios (hertz Hz) o en miles de ciclos por segundo o kilohercios (kHz). En los sonogramas, la escala del eje de frecuencias es lineal y no logarítmica, una diferencia que advertirán los conocedores de música. Esto es para evitar que los trazados se vean aplastados, con todos los detalles amontonados.

 

El rango audible del ser humano se ubica entre 20 Hz y 20 kHz. Todas las voces de las especies de aves que ofrecemos en esta página web se ubican entre 25 Hz (0,025 kHz) y 10 kHz. La “gallineta común” Pardirallus sanguinolentus) emite las notas más graves, con algunos picos bajos subsónicos (debajo de 20 Hz).

En la parte alta del gráfico de los sonogramas se marcan tonos agudos y, en la parte baja, tonos graves, que por esa razón se llaman también, respectivamente tonos altos (frecuencia más alta) y tonos bajos (frecuencia más baja). La imagen de un sonograma se ve como marcas impresas, que tienen diferente forma y diferente intensidad. Precisamente, la opacidad o negrura, representa intensidad del sonido, medida en decibeles (dB); cuanto más oscuro, mayor intensidad. Las marcas más opacas y más nítidas constituyen la llamada frecuencia fundamental.

En las aves es impreciso definir una frecuencia fundamental pura, como en música, pues las “notas” o figuras no suelen corresponder a un tono puro, sino que se extienden por más de un tono. Por esta razón, en algunos casos, hacemos referencia a una banda de tono, o bien referimos a los límites bajo y alto en la frecuencia o tono de las notas.

En la descripción de los sonidos, los sonogramas son una invalorable herramienta de estudio científico y permiten parear al gráfico la fonética o transcripción onomatopéyica de los cantos. Es así que un sonograma permite “leer” un sonido. Con la práctica, se puede identificar un canto como de determinada especie leyendo la imagen de un sonograma, del mismo modo en que puede identificarse un ave viendo una foto.

El sonograma permite apreciar la capacidad de las aves de emitir dos notas al mismo tiempo, aún cuando el oído humano capte un sonido único que, en realidad, es una singular sumatoria, pues es posible que el sonido de una de las notas resulte “enmascarado” por el tono o la potencia de la otra nota, o bien, que altere el sonido de ésta, sin que la adición sea lineal.

Un silbido simple y diáfano, dado por una nota o figura de tono uniforme, se traduce como una línea horizontal. Si el silbido es de tono ascendente o descendente, se muestra como una línea inclinada hacia arriba o hacia abajo, respectivamente, si el tono va cambiando uniformemente. Cuando la figura o nota no es simple, sino que cambia de tono de modo no uniforme, la representación gráfica adopta diversas formas, un tilde de visto bueno o una “V” al derecho o al revés, un trazo sinuoso como el “palito” de la eñe, una “M”, “N”, “U” o “W” con ramas de igual o desigual largo e inclinación, y otros singulares trazos. En todos estos casos el trazado suele verse como un borrón y eso es precisamente lo que define un slur o portamento.

Cuanto más amplio es el trazo (más largo o extendido en el tiempo), menos limpio es el sonido. El “ulular” de las palomas se muestra como trazos gruesos y extendidos que, vistos en una escala más precisa de tiempo (ampliando en el eje horizontal), se ven constituidos en realidad por trazos que oscilan verticalmente. Cuando el trazo es una línea vertical, ello representa un sonido abrupto, como estallido, tales como muchos gritos o voces de llamada.

Otra de las importantes prestaciones de los programas informáticos de estudio de sonogramas es la posibilidad de ralentizar los cantos, o sea, hacerlos transcurrir a menor velocidad, de modo que nuestro oído pueda captar o identificar las notas. Utilizamos esta técnica para la notación de los cantos.  Una vez que llegamos a discriminar las notas, volvemos a “recomponer” el sonido audible, aumentando paso a paso la velocidad hasta llegar a la normal. En caso de duda volvemos unos pasos atrás. Este proceso lleva varias horas por cada minuto de canto que se analiza, siempre que se ponga el celo en la precisión de las notaciones.

Quien disponga de un software con esa prestación, se sorprenderá que, a menudo, al ralentizar el canto de determinada especie, le parecerá escuchar las voces de otra especie no emparentada. Más aún, podrá incluso reconocer sonidos que creía ajenos a la naturaleza, como el ulular de una alarma o una sirena y hasta algún “ringtone” telefónico moderno. No es que el hombre los hubiera “copiado”, sino que es más creíble que ignorase que Natura ya los tenía registrados.

De vuelta en tema, en algunos casos entendimos que el sonido audible definía bien la notación (composición de notas) y entonces colocamos esa transcripción sobre el sonograma en las fichas de cada especie. Cuando consideramos que el sonido audible es demasiado simple para la cantidad de notas que lo generan, colocamos sobre los sonogramas las dos transcripciones: la notación y la onomatopeya del sonido audible.

En los sonogramas, los tonos armónicos, por encima (sobretonos) o por debajo (subtonos) del trazo principal se aprecian como “fantasmas” paralelos, trazos de menor intensidad que el principal y apilados como “milhojas”. Los cantos con muchos armónicos se perciben como de mayor riqueza o profundidad, por ejemplo, en la “gallareta chica” Fulica leucoptera, la “gallineta grande” Aramides ypecaha, la “gallineta común” Pardirallus sanguinolentus, el “chiricote” Aramides cajanea y otros rálidos, el “tero real” Himantopus mexicanus y la “gaviota capucho café” Chroicocephalus maculipennis, entre otras especies.

En nuestro trabajo para el proyecto Voces Silvestres del Uruguay hemos obtenido sonogramas de voces de todas las especies y hemos analizado los trazados en conjunto con la audición de las grabaciones, utilizando el software Raven Pro 1.3 de Cornell Lab of Ornithology, USA.

Hemos estudiado más de 2000 sonogramas de cantos y voces de las 100 especies que comprende la primera entrega del proyecto. Finalmente, incluimos en las fichas de esas 100 especies un total de 463 sonogramas, todos ellos a disposición del usuario de esta página.

De este modo hemos arribado a transcripciones fonéticas que colocamos sobre los trazados. Ciertamente, estas transcripciones son subjetivas y de hecho este es un tema abierto a quien desee. A tales efectos, el visitante de esta página podrá acceder a imágenes de los sonogramas y escuchar las pistas de los sonidos que les dieron origen y ensayar su propia traducción. Si el lector deseare un buen desafío en este sentido, le recomendamos intentar la traducción del canto del “cabecita negra” Carduelis magellanicus. Sin embargo, en aras de no desincentivarse es el aprendizaje del idioma de los pájaros, es preferible comenzar con las voces más simples, como las del “tero común” Vanellus chilensis.

A continuación, proveemos un ejemplo de sonograma, que corresponde a un tramo del canto del “sabiá común” Turdus amaurochalinus.

 

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